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Discos, tocadiscos y radios del siglo XX

 

Este pequeño recinto contiene una magnífica colección de discos de música clásica y tradicional, principalmente vinilos del siglo XX.  Para ilustrar y animar esta recopilación se han utilizado los espacios disponibles mostrando radios, tocadiscos y radio-tocadiscos – muchos de ellos icónicos- que repasan muy sucintamente la evolución de estos aparatos a lo largo del pasado siglo.

La idea principal a la que conduce esta exhibición es que tanto el disco como la radio han sido los dos vehículos más extendidos y duraderos de la emisión de la palabra y el sonido en el siglo XX. Y, al mismo tiempo, conviene considerar cómo esto ha ocurrido mientras se producían cambios tecnológicos muy importantes.

Los primeros tocadiscos empezaron proyectando el sonido a través de trompetas o bocinas de amplificación simple. Pero a partir de los años veinte, las radios extendían la capacidad de amplificación a través de lámparas o válvulas electrónicas al vacío de cristal.

Cuando se llega a los sesenta, el sonido se amplificaba ya mediante transistores que sustituyeron las válvulas, y que hicieron posible de nuevo la reducción del tamaño de los circuitos y por ende el volumen total. La voz y la música se escuchan, por lo tanto, a través de altavoces de creciente capacidad sonora.

Conviene también hacer hincapié en que ambas clases de equipos han experimentado a lo largo de ese tiempo una democratización casi total, al alcanzar precios reducidos y calidades verdaderamente destacables y crecientemente asumibles por todos.

Así, de los aparatos para la élite social, se llega a una proliferación de modelos más simples para todo nivel económico. Esto puede verse bien representado al comparar el tipo de mueble de los más antiguos de esta sala, costoso y muy elaborado y grande, con los más sencillos y acabados en materiales baratos como la baquelita o, posteriormente, en otros plásticos que todavía dominan en su fabricación.

Lo mismo puede decirse respecto a los discos en términos técnicos. Estos a principios de siglo eran de piedra, para pasar enseguida a ser de pizarra, después de baquelita y finalmente de vinilo. Este es el que sigue existiendo hoy día, después de una larga trayectoria desde los años cincuenta.

Sobre los discos se aplicaron primero agujas de acero, después de cristales como el diamante, que todavía se mantiene para leer el sonido. Otros tipos de aparatos llevaron lectores de tipo electrónico como la cabeza magnética (cintas o casetes) o el rayo láser (CDs o DVDs). De nuevo, la reducción de tamaño, la caída de precios y la mejora tecnológica fueron muy relevantes, de forma más acelerada desde los años sesenta.

El disco y la radio perduran aún entre amplias capas de la población. Hay que ver pues estas dos tecnologías como los soportes más importantes a lo largo del pasado siglo y que todavía subsisten. La radio es, sin duda, la más presente para todos y el disco es el mejor soporte físico junto con el CD, para los amantes de la música en alta fidelidad -Hi-Fi-. Los demás solemos usar el mp3 en el móvil o el PC y la trasmisión de video y palabra por Internet o TV.

Todos estos soportes han tenido y tienen una gran importancia en la divulgación de las obras y las piezas representadas en nuestro teatro. También han servido de apoyo en los efectos especiales o para ilustrar pasajes de las obras escenificadas. Las de hoy y un reciente ayer, han gozado de la enorme contribución a la situación actual del teatro por el gran rey actual que es la televisión. Pero, eso queda para otros museos que habremos de visitar…

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